jueves, diciembre 11, 2014

Para dónde van los medios... ¡para el teléfono!

-el blogger comparte plenamente la visión aquí planteada-

SEMANA: ¿Puede tratarse del comienzo del tan advertido declinar de los medios impresos? Usted ha sido un convencido de la vigencia de los periódicos impresos. ¿Sigue igual de optimista?
Roberto Pombo.: Más que optimista he sido realista. Las evidencias han mostrado que los procesos de declive vividos en los países desarrollados van a un ritmo mucho más acelerado que en Colombia. La tendencia es la misma, inevitablemente, pero los tiempos son diferentes. Es decir, para allá vamos todos pero tenemos tiempo de prepararnos.

SEMANA: En plata blanca, ¿los medios impresos tienen los días contados?

R. P.:
 Los medios impresos, tal como los conocemos hoy, tienen los días contados. Es decir, se tienen que adecuar a una realidad, y esa realidad consiste en que hay una nueva forma de leer de los lectores y de anunciar de los anunciantes.

SEMANA: ¿Cuáles son esas nuevas formas?

R. P.: 
En el caso de los lectores, que el lugar más apropiado para informarse será un teléfono móvil y no un periódico o una revista. Y eso tendrá implicaciones en la manera de entender esta actividad como profesión y como negocio.

SEMANA: ¿Eso implica que habrá restructuraciones en los medios impresos?

R. P.:
 Por supuesto. Habrá cambios de todo orden en las estructuras de los medios actuales y en los grupos de comunicaciones como tales.

SEMANA: ¿Eso qué quiere decir?

R. P.:
 Que los esfuerzos futuros estarán enfocados hacia una nueva concepción de los impresos, en una nueva forma de entender las plataformas digitales y en una nueva actitud frente a medios en los que no estamos o, si estamos, nuestra presencia es tímida.

SEMANA: ¿Se refiere a radio y televisión?

R. P.:
 Sí. La competencia futura en nuestro país no será solo entre periódicos sino entre grupos de medios, de manera que la supervivencia futura depende en buena medida de lo que se haga sobre todo en radio y en televisión. Los medios impresos van a sobrevivir. Van a ser de menos tamaño pero muy poderosos, centrados en la opinión, las crónicas y el análisis. Pero vivos, muy vivos.

SEMANA: ¿No cree usted que el impacto del internet no solo es sobre los medios impresos sino también sobre la televisión y la radio? Al fin y al cabo la gente joven pasa todo el día es frente al computador.

R. P.:
 Y cada vez más frente al teléfono móvi
l. Por eso se afectan todos los medios, y a todos nos está obligando  a modificar nuestro comportamiento, nuestras estrategias y nuestro lenguaje. La radio es tal vez la menos afectada, en la medida en que las nuevas tecnologías no cambian mucho la relación entre las emisoras y los oyentes: un tipo oyendo una transmisión digital en un celular es igual que un campesino de hace 50 años oyendo Radio Sutatenza en un transistor.

Extractos de entrevista -sobre otros temas- en http://www.semana.com/nacion/articulo/los-cambios-del-periodico-no-significan-crisis/411392-3

sábado, noviembre 08, 2014

Rumores...y campañas electorales

El arte de difundir rumores
Angel Alayón *

en  http://www.saladeprensa.org/art1043.htm

Gabriela de Vásquez se resistía a creer lo que la voz en el teléfono le decía con tanta claridad: su esposo le era infiel desde hacía cinco meses con Julia, una atractiva compañera de trabajo. Eso explicaba los viajes y el trabajo hasta bien entrada la noche. Martín, según la voz, llevaba una doble vida. Gabriela no quería creer, pero se anidó en su pensamiento una pequeña duda que fue creciendo hasta lograr que la convivencia cotidiana con Martín fuera áspera, incómoda. Ella, al tiempo, decidió confrontarlo. Él lo negó todo. Ella dijo que sabía que negaría todo. Y la confianza se fue erosionando. Era cuestión de tiempo para que conflictos mayores hicieran su aparición. Dos años después de la llamada, la pareja introducía los papeles para el divorcio. Gabriela nunca estuvo segura de la infidelidad de Martín. Martín nunca entendió lo que sucedió pues, en verdad, nunca le fue infiel a su esposa.
***
Recibe nuestras noticias diarias sobre periodismo y comunicación. ¡Únete a SdP en Facebook!La redes sociales (Twitter, Facebook) son medios fértiles para la divulgación de rumores. Allí hemos sido testigo de muertos que resucitan en horas, bancos que quiebran pero que en realidad están solventes, secuestrados que se enteran de su presunta situación cuando están tomando un tranquilo baño de playa con la familia y la lista podría continuar con temas de mayor sensibilidad política. Son rumores. Falsos. Pueden ser poderosos. Pueden destruir matrimonios, acabar con la carrera de un político o de un artista, quebrar instituciones financieras y ocasionar conmoción social. Y algo tan poderoso vale la pena tratar de entenderlo.
Cass Sunstein se ha especializado en estudiar el fenómeno de los rumores, esas especulaciones que se transmiten con rapidez y que son creídas por ciertas personas a pesar de que su contenido es falso y no existe evidencia concreta y directa que permita comprobar la veracidad de la información. En el libro Rumores (Debate), Sunstein trata de responder por qué hay personas que divulgan informaciones falsas y otras que las creen. La respuesta y sus implicaciones son de interés para el debate sobre la democracia y la libertad de expresión.
La probabilidad de que una persona crea un rumor depende de lo que pensaba sobre el tema antes de escuchar el rumor. Si usted cree que dentro de un partido político hay políticos corruptos y escucha el rumor de que un miembro de ese partido ha incurrido en actos de corrupción, es muy probable que usted crea en ese rumor. El rumor, aunque falso, será creíble en la medida de que las convicciones previas predisponen a la gente a creer. Como dice Sunstein: “Si usted es propenso a detestar a una figura pública, o de hecho, disfruta pensando las peores cosas de ella, tendrá motivos para pensar que los rumores perjudiciales sobre dicha figura son verdad incluso si rayan en lo increíble.” No procesamos la información de manera neutral. Nuestras creencias y prejuicios filtran y sesgan la información que recibimos.
Las convicciones previas no son el único motivo por el que podemos llegar a creer un rumor falso. Si un rumor es creído por un número suficiente de personas, otras empezarán a creer el rumor a menos que haya buenas razones para creer que el rumor es falso, plantea Sunstein. En materia de rumores, las creencias y el número de personas que le den credibilidad al rumor importa para su potencial de expansión. Experimentos demuestran que si una persona encuentra que la mayoría de un grupo al que pertenece sostiene que una determinada información es cierta, bien sea por conformismo o por presión social, la persona tenderá a alinearse con la opinión del grupo.
Las redes sociales —y en general internet— han facilitado la polarización de grupos. En palabras de Sunstein: “Cuando los miembros de un grupo tienen una suposición previa y oyen un rumor, las deliberaciones internas reforzarán la noción de que su creencia está en lo cierto.” Pero no sólo de que su creencia está en lo cierto: cuando estas comunicaciones se establecen entre personas que sostienen la misma creencia, los miembros del grupo terminarán con posiciones y opiniones muchos más extremas a las que sostenían originalmente. Los rumores pueden funcionar como pastores que conducen a los fieles a posiciones extremas, alejando a los miembros de la sociedad de posiciones más fáciles de conciliar en un sistema democrático.
Contrario a lo que algunos pueden pensar, refutar un rumor falso puede ser contraproducente bajo determinadas circunstancias. La refutación puede, al contrario de lo que se pretende, reafirmar la credibilidad del rumor entre los creyentes y lograr que muchas más personas conozcan del tema, amplificando el efecto original. Por lo que el dicho “No aclares, que oscureces” puede haber encontrado asidero empírico en los trabajos que sirven de referencia a Sunstein.
Las ideas de Sunstein implican que debemos tener la guardia alta en relación con la información que recibimos. Y, en este caso, la mejor defensa es comprender cómo la sicología —creencias, emociones y prejuicios— y las creencias de nuestros grupos de referencia influyen en lo que estamos dispuestos a creer.
***
La llamada a Gabriela tuvo una mala intención: desestabilizar la vida familiar de los Vázquez. Y, en ese caso, el falso rumor lo logró. Fue un caso que conocí de cerca. He cambiado los nombres para proteger la identidad de los protagonistas… y evitar rumores.

* Angel Alayón es economista venezolano, director de la revista digital Prodavinci, donde publicó este texto que nos autorizó reproducir como su primera colaboración para Sala de Prensa.

jueves, noviembre 06, 2014

¿Para dónde va nuestra educación?


Así serán los colegios en el 2030

Expertos creen que en 15 años niños y jóvenes se formarán en aulas sin paredes.  Por:   |en http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion/asi-seran-los-colegios-del-2030/14777408

Colegios sin ladrillos y sin cemento. Prelación del fomento de las habilidades personales por sobre otro tipo de capacidades.Maestros dedicados a orientar y a ser mentores, en cambio de presentarse únicamente como impartidores del conocimiento.Currículos personalizados y ceñidos a las necesidades particulares de cada estudiante. Presencia de un lenguaje global, en vez del nacional, en los salones de clase. 


Así, con estas diferencias radicales con respecto a la actualidad, 645 expertos mundiales del más alto nivel se imaginan que será la educación escolar en el 2030, de acuerdo con los resultados de una encuesta hecha hace poco por la Cumbre Internacional sobre Innovación en la Educación (Wise, por sus siglas en inglés).
Además de lanzar hipótesis sobre el futuro de la enseñanza escolar, dicha consulta buscaba dejar sobre la mesa una propuesta para renovar, por lo menos desde el punto de vista educativo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuyo plazo se cumple el año próximo.
Y la iniciativa no se quedó ahí. Wise, reconocida por otorgar el que es considerado el ‘premio Nobel de la educación’, durante su cumbre anual en Doha (Catar) –este año se celebrará del 4 al 6 de noviembre–, incluyó en su encuesta los análisis de reputados comentaristas internacionales (sus intervenciones serán utilizadas en este artículo), quienes dan su opinión, inclusive, sobre aspectos de la educación que hoy no gozan de una aplicación amplia.
Este es, por ejemplo, el caso del big data, concepto que hace referencia al análisis, mediante complejos sistemas computarizados, de millones de datos para obtener información relevante sobre un tema en particular. El 95 por ciento, según la encuesta, coinciden en decir que el big data jugará un rol importante en la educación; de estos, la mitad afirmó que esta herramienta “cambiará el panorama de la educación”.
Otra pregunta que llamó la atención es la relacionada con la obtención de recursos para el funcionamiento de la infraestructura educativa. De acuerdo con Wise, “el sector público no tendrá el monopolio de la educación” y, en cambio, como lo afirmaron el 70 por ciento de los encuestados, la formación académica de los jóvenes será costeada por sus familias o por patrocinadores asociados a las compañías.
Uno de los proponentes de esta tendencia es Yasar Jarrar, líder joven global del Foro Económico Mundial. Él afirma que “una vez que la educación básica se ha completado –y debe permanecer bajo la responsabilidad del Estado–, los empleadores deberán pagar por la capacitación futura, toda vez que ellos son las entidades que obtendrán el mayor beneficio de esta, tanto para su propio éxito como para la estabilidad y sostenibilidad de sus sociedades.
Con él concuerda Vicky Colbert, la colombiana que en el 2013 ganó el Premio Wise, por su proyecto Escuela Nueva. Para ella, esta tendencia se mantendrá en nuestro país: “Creo que en la educación inicial y en la básica primaria y secundaria la responsabilidad principal de la financiación del servicio educativo seguirá estando en manos del Estado. Y ese servicio educativo será de calidad en la medida en que responda a las necesidades y características del mundo actual. En la educación superior, muy probablemente la familia seguirá teniendo mayor participación en su financiación”.
Un punto polémico de la encuesta, por la falta de consenso, es el referente al lenguaje que predominará en la enseñanza: 65 por ciento de los consultados dijo que el idioma utilizado en la educación no será más el local o nacional, pues será reemplazado por uno global (46 por ciento) o regional (19 por ciento).
El reconocido lingüista estadounidense Noam Chomsky considera que, contra las tendencias actuales, este nuevo idioma no tendrá que ser necesariamente el inglés. “Este idioma –opina Chomsky– ha sido un lenguaje global, particularmente desde la Segunda Guerra Mundial. Pero eso no era así antes. Esto refleja la sobrecogedora naturaleza del poder de los EE. UU. durante este periodo, pero ha ido declinando y es posible que nos encontremos con nuevos competidores para consolidarse como la lengua global para la ciencia, el comercio y otras interacciones. Dependiendo de lo que ocurra en el escenario internacional, es posible que a medida que la influencia china se expanda haya una influencia igual de su lenguaje en la globalización”.
Marta Isabel Camargo, directora del Departamento de Lenguas Extranjeras de la Universidad Nacional, disiente de Chomsky y considera que, por lo menos en el contexto colombiano, “esto iría en contravía de la identidad nacional, toda vez que los idiomas son un reflejo de la cultura y las costumbres de sus habitantes”.
Sin embargo, Camargo concuerda con el experto en decir que los idiomas de los países que ganen espacio en la economía global se abrirán paso en la educación. “Ya está ocurriendo con el mandarín, que, además de ser la lengua con mayor cantidad de hablantes, se está abriendo paso gracias al poder económico de China”, apunta Camargo, y agrega que prueba de ello es que hoy en día cada vez más estudiantes se interesan por aprender sobre este idioma, que cuenta con una buena oferta en las universidades colombianas.
Pero quizás el punto más destacable de la consulta de Wise es el que apunta a que una de las características principales de la educación del futuro será la innovación. Esto queda demostrado por la abrumadora mayoría (97 por ciento), que sostiene que “las escuelas implementarán métodos basados en nuevas aproximaciones a la enseñanza y los procesos creativos”.
“Usualmente, la gente piensa que para innovar solamente hay que gastar dinero y darle a todo el mundo una tableta: hay aproximaciones no tecnológicas muchísimo más importantes. Pueden ser muchas cosas: no organizar a los niños por edad sería una innovación social y pedagógica”, afirma John Mahaffie, cofundador de la Asociación de Futuristas Profesionales, en el estudio.
Sobre el Estudio
El informe fue realizado por la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación (Wise, en inglés), que reúne a unos 15.000 sabios.
NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO

lunes, octubre 13, 2014

los niños empiezan la escuela un año más tarde, tienen jornadas más cortas, el año escolar es más breve y dejan apenas el 10 por ciento de las tareas para el hogar. #Finlandia

de: http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion/modelo-de-educacion-de-finlandia-uno-de-los-mejores-del-mundo/14678295?hootPostID=7dae6d810ee6e3428f1e730029321f6e

subrayados y similares, de @orlandoparrag el blogger

Finlandia: viaje por uno de los mejores sistemas educativos del mundo

Tienen pocas horas de clase y casi no hacen tareas, pero arrasan en las temidas pruebas Pisa.

 
Escuela primaria Koulumestarin, en la ciudad de Espoo, área metropolitana de Helsinki.
Foto: Bernardo Bejarano / EL TIEMPO
Escuela primaria Koulumestarin, en la ciudad de Espoo, área metropolitana de Helsinki.
Si un niño quisiera escapar de la escuela, tal vez se preguntaría: ¿Qué tan larga debe ser la escalera que necesito apoyar en ese muro de tres metros que me separa del exterior? Esa interrogante se la hacen todos los finlandeses en algún momento. Y no es porque planeen dejar el lugar donde comparten con sus amigos desde los 7 años de edad, donde pasan apenas unas cinco horas al día, donde no les dejan tareas para la casa y donde no les cobran por estudiar ni por comer.
No. Ellos se harán esa pregunta –jugando con triángulos y cuadrados de papel de colores– porque un profesor les pedirá imaginar lo inimaginable y, de paso, llegar por ellos mismos a lo que Pitágoras declaró 22 siglos atrás. Calcular la hipotenusa de un triángulo rectángulo es algo que los niños finlandeses, beneficiarios del mejor sistema de educación del mundo, saben hacer y no recitar. Es algo que tuvieron que descubrir y no memorizar.
El mundo entero se ha empeñado en entender el sentido que se le da al aprendizaje en Finlandia desde que la primera prueba Pisa, aplicada en el 2000 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), demostró que ese país nórdico, de apenas cinco millones de habitantes, tenía el mejor sistema educativo.
Pisa, el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (sigla en inglés), se aplica actualmente en 65 países para evaluar las competencias de las personas de 15 años en las áreas de lenguaje, matemática y ciencias. El sentido del examen no es medir conocimientos específicos, sino qué tan preparados para la vida adulta están los jóvenes; en otras palabras, cómo aplican lo que han aprendido en las escuelas hasta esa edad.
“Todo el mundo cree que tiene el mejor sistema hasta que decide comparar. Y lo que sucedió con Finlandia fue una sorpresa para ellos también. No sabemos exactamente cuál es la variable que lleva al éxito de un sistema educacional, porque no hay una fórmula mágica, pero el caso finlandés es perfecto para ver que la conjunción de muchas variables únicas puede llevar a algo asombroso”, comenta desde París el analista Pablo Zoido, de Pisa.
El experto de la Ocde, organización que agrupa a las economías más desarrolladas del mundo, destaca en primer lugar que el modelo finlandés es muy inclusivo, pues no existe la selección de estudiantes. Más del 90 por ciento de las escuelas son públicas y dependen de los municipios, de manera que los niños se matriculan –por ley– en la que tienen más cerca de su casa, reflejando también la escasa segregación social del país. Que el hijo de un doctor estudia junto al hijo de un albañil es un leitmotiv educacional.
La República de Finlandia, al noreste de Europa,  es uno de los paises con mejores índices de calidad de vida y crecimiento económico.
Otro factor muy propio de Finlandia es que se retrasa el inicio de la escolaridad básica hasta los 7 años. Según los estudios cognitivos realizados a los niños, solo en ese momento del desarrollo de los niños es adecuado comenzar a leer.
“La tendencia mundial es que la escolarización comience cada vez más temprano –dice el especialista de la Ocde–, pero Finlandia ya es un caso real de estudio solo por retrasarla”.
En la educación preescolar, que dura obligatoriamente un año y que se imparte en jardines infantiles o en la casa de educadores certificados, solo se realiza estimulación temprana de la socialización. En Finlandia nadie busca tener niños genios para presumir ante los amigos o para postularlos a un colegio de élite, porque no hay.
“Se respeta mucho el ritmo de cada niño. Para nosotros es muy importante la atención especial de los niños que requieren más ayuda. También tenemos niños hiperquinéticos (hiperactivos) o con déficit de atención, pero no los obligamos a tomar clases separadas", asegura Emilia Ahenjarvi, académica finlandesa.
Tenemos un equipo de apoyo que trabaja con ellos dentro de la misma clase, desde muy temprana edad. Por eso, nunca un niño repetirá el curso, lo que afectaría su autoestima. A lo sumo cursará un último año de escolaridad básica -un décimo año, pues el ciclo dura hasta el noveno- antes de ir a la secundaria”, apunta Emilia Ahvenjärvi, académica finlandesa que visitó Chile a petición de la Embajada de su país.
Necesidad = oportunidad
El modelo finlandés fue reformado a comienzos de los 70, luego de casi una década de debate parlamentario sobre qué tipo de educación se necesitaba. En los años 50, Finlandia estaba diezmada por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, y su economía básicamente agraria tenía como eje la explotación forestal. Se requerían nuevas competencias y el acuerdo fue dárselas a toda la población, no a los más ricos ni a los mejores.
Hoy, el país no solo figura como uno de los mejor educados, sino que también acumula envidiables índices en felicidad, competitividad e innovación.
Tony Wagner, doctor en educación y profesor residente del Laboratorio de Innovación de Harvard, se sintió atraído hace un par de años por el exitoso sistema y viajó a realizar el premiado documental El fenómeno finlandés. Durante dos semanas visitó escuelas, participó en clases, se entrevistó con autoridades, niños, profesores y padres, y vio sobre el terreno otra de las claves del milagro local: la importancia que se le da al profesor.
Ser maestro en Finlandia es más difícil que convertirse en ingeniero o doctor. Solo uno de cada diez aspirantes a estudiar pedagogía logran ingresar, y quienes quieren ejercer la profesión necesitan como mínimo tener un grado de magíster en educación.Nadie se hace rico siendo profesor, pero las brechas salariales son mínimas en ese país, donde la mitad de los egresados opta por una educación técnica y no profesional.
“Finlandia cambió su educación no a partir de una crisis por los bajos resultados en pruebas internacionales, sino por una necesidad real –destaca Wagner–. Y cuando un país acuerda poner la educación en primer lugar hay que tomar medidas, como cerrar el 80 por ciento de las escuelas de pedagogía y dejarlas solo en las universidades de élite. Así te aseguras de que solo los mejores lleguen a ser profesores y de que, dada su formación intelectual, no requieran de un proceso externo de evaluación”.
En Finlandia, destacan todos, no existe un sistema estatal de evaluación docente. Cada profesor está constantemente investigando y auditando su propio desempeño, sin necesidad de que lo controle una autoridad más allá de su propia comunidad escolar. Además, el currículo nacional de materias es –en palabras del experto de Harvard– “absurdamente” pequeño, y cada escuela tiene libertad para adoptar uno complementario, con énfasis en las artes, la tecnología o las lenguas. La metodología también está abierta a la innovación.
Marleen Westermeyer, chilena de 21 años y estudiante de Pedagogía en la Universidad de la Frontera, tuvo la oportunidad de pasar un semestre allá gracias a una beca del Ministerio de Educación finlandés. “Lo primero que llama la atención es que todos los niños y el profesor se quitan los zapatos. En otras palabras, el aula es un espacio donde no hay ni siquiera la represión simbólica de usar calzado. Tampoco se usa uniforme, el pelo puede ser largo en los hombres o de colores en las niñas, y las uñas pintadas dan igual”, comenta ella.
Ser maestro en Finlandia es más difícil que convertirse en ingeniero o doctor. Solo uno de cada diez aspirantes a estudiar pedagogía logran ingresar.

“Recuerdo una clase de literatura, de sexto, donde hablaban de Aleksis Kivi, autor de Los siete hermanos, el libro más importante del país. 
La lección consistió en pasar el video de una representación teatral de esa obra, ¡protagonizada por el profesor cuando era estudiante! Ese es el tipo de cosas que un alumno no olvida jamás”, sentencia Westermeyer.
Finlandia es uno de los países con los salones más bulliciosos del mundo y donde la palabra está menos tiempo a cargo del profesor. La estudiante chilena, que pudo ver eso, destaca además que los contenidos se trabajan como “proyectos” más que como clases lectivas, dejando tiempo al profesor para que trabaje con los rezagados, y que en el desarrollo de esos proyectos se valora la integración de diversos recursos, la cooperación y la originalidad. Por ejemplo, después de la exhibición del video donde el profesor se exponía sin pudor ante sus alumnos vino el encargo de hacer una pequeña película sobre otro libro que debían leer.
Westermeyer también recuerda que cuando se trataba de materias técnicas, como artes manuales, el nivel de los niños de 12 años era revelador. “Manejaban máquinas Bosch para trabajar la madera sin problemas, sin miedo y con total responsabilidad. Tienen la madurez para responder a la confianza que se les da”, cuenta.
“Quizás nuestro secreto es la confianza –concede la académica Emilia Ahvenjärvi–. Confiamos en que la escuela más próxima a nuestra casa será buena, en que el profesor sabrá enseñar y en que el niño aprenderá. Es una particularidad de nuestra sociedad que recién descubrimos hace un par de años, después de tratar de responder tantas veces a las preguntas sobre el secreto de nuestra educación. Yo he visto que en otros países eso no se da. Siempre hay desconfianza, necesidad de hacer rankings, de segregar, de hacer más pruebas para saber qué alumno es mejor, qué profesor es mejor, qué escuela es mejor. Las pruebas segregan y no son la solución”.
El sistema de evaluación es otra de las particularidades del esquema finlandés. Los objetivos de aprendizaje no se miden por las materias aprendidas, sino por la constante interacción de esos contenidos con otros aspectos, como la socialización o la resolución de problemas. De hecho, las pruebas formales de materias específicas suelen iniciarse recién en el quinto año de educación básica.
“Allá todo es peculiar: los niños empiezan la escuela un año más tarde, tienen jornadas más cortas, el año escolar es más breve y dejan apenas el 10 por ciento de las tareas para el hogar. Aún así, sus marcadores son los más altos . Y, además, tienen más tiempo para jugar y hacer actividades extraescolares, algo que, como muestran las investigaciones, es casi tan importante para el desarrollo como la educación formal”, destaca Wagner, coautor de El fenómeno finlandés.
Este experto se ha transformado en uno de los mayores críticos del sistema estadounidense, basado en tratar de obtener buenos resultados en las mismas pruebas donde Finlandia se destacó sin proponérselo. “Seguimos creyendo que incrementar los puntajes en las pruebas mejorará el desempeño de un país. Y el problema es que esos resultados no nos dicen absolutamente nada sobre el mundo del trabajo o la capacidad de los ciudadanos para adaptarse al siglo XXI –afirma–. En segundo lugar, como profesores hacemos apuestas tan altas por esas pruebas que estamos pervirtiendo los incentivos de nuestro sistema educativo. ¿Por qué? Porque realmente hay un solo currículo en nuestra escuela: la preparación de las pruebas. En Estados Unidos estamos muy equivocados, y lo peor es que casi todo el mundo nos está siguiendo”.
La Ocde, creadora de las pruebas Pisa, también tiene claro que la evaluación debe cambiar. De hecho, el test que se aplica cada tres años viene aplicando categorías nuevas, como una enfocada a medir el grado de felicidad y otra sobre la resolución de problemas en forma creativa.
En el caso de Colombia, los estudiantes de colegios del país obtuvieron el último lugar en nuevos resultados de pruebas Pisa. Los resultados muestran una relación directa con el entorno socio-económico de los jóvenes. (Vea la noticia aquí)
La inmigración, un desafío
Mientras tanto, los profesores finlandeses siguen liderando un constante proceso de autocuestionamiento e innovación. “Tenemos nuevos desafíos, como integrar a la inmigración –dice Emilia Ahvenjärvi–. Debemos capacitar al profesorado para esa realidad, y por eso es importante estrechar lazos con el resto del mundo. Hoy, el intercambio en educación es para nosotros un sector económico más”.
En Finlandia no se preguntan demasiado sobre los índices internacionales que los revelaron al mundo en el 2000, pero que en el 2012 los sacaron de los primeros puestos del ranking Pisa, cediendo espacio a naciones asiáticas. En el país escandinavo están ocupados planteándose objetivos que todavía no tienen medición.
“Todos los que trabajamos en educación sabemos que las pruebas se pueden trucar, preparar. Y eso es lo que pasa en Corea o Singapur. He visto a los niños pasar diez horas al día preparando un test internacional. Eso no es educación”, critica Wagner.
Él, que ha recorrido el mundo para atestiguar las fortalezas de los diferentes sistemas de enseñanza y que es toda una autoridad de la prestigiosa Universidad de Harvard, confiesa entre risas culpables: “Yo no me sé el Teorema de Pitágoras, porque nunca nadie me dijo para qué podía servirme. Lo que Finlandia entendió antes que nadie es que la era del conocimiento se acabó. Ya no tiene valor saber más que la persona que tienes al lado, porque esa persona puede ‘googlear’. Vivimos en la era de la innovación, en la que hay que saber aplicar lo que se sabe. Eso es lo que lleva a aprender”.
CLAUDIA GUZMÁN V.
El Mercurio (Chile)

El Fenómeno de Finlandia - Educación