domingo, mayo 19, 2013

Niñez Genes Violencia


18 mayo 2013

La biología de las mentes criminales


COMPORTAMIENTOUn psicólogo dice haber demostrado que los comportamientos antisociales, desde el homicido hasta el hurto, tienen una base biológica. Aunque sugestivo, el nuevo trabajo genera temores.

La biología de las mentes criminales.
Foto: El Cíclopemiope
El psicólogo inglés Adrien Raine cree que para encontrar el origen del mal hay que hurgar en el cerebro. Por eso, en 1994 fue uno de los primeros en aplicar la entonces naciente Tomografía por Emisión de Positrones (PET, por su sigla en inglés) para examinar a 41 asesinos recluidos en una cárce
l en Estados Unidos donde trabajaba. El resultado fue asombroso: el área prefrontal de su cerebro mostraba un funcionamiento muy bajo comparado con el de individuos normales. 

Esta área controla los impulsos de matar en momentos de ira. “Es como el ángel guardián del comportamiento y sin él, el diablo toma el mando”, dice Raine. Ese funcionamiento precario puede llevar a que el freno que detiene a las personas no funcione y se produzca un accidente, en este caso, un crimen. También genera adicción al riesgo, reduce la habilidad para resolver problemas y promueve otros rasgos que predisponen a la violencia.

Los resultados no se publicaron porque, para entonces, cualquier indicio de un componente biológico en el comportamiento criminal se consideraba racista y se asociaba con las ideas de eugenesia de la Alemania nazi. La persecución de los judíos y la idea de una raza superior se basaron en las teorías de Cesare Lombroso, fundador de la criminología moderna, quien las postuló en 1876 luego de hacerle la autopsia a un asesino. 

Concluyó que los criminales eran humanos poco evolucionados y que se podían identificar solo con ciertas características físicas, como quijada larga y frente achatada. Basado en ello, hizo una jerarquía evolutiva en la cual los judíos e italianos del norte ocupaban los primeros lugares y los italianos del sur, peruanos y bolivianos, los últimos. 

Con los horrores de la Segunda Guerra Mundial, esta teoría y las que señalaban la biología como responsable de la violencia humana perdieron toda credibilidad. Así, en la segunda mitad del siglo XX imperó la noción de que el caldo de cultivo de la violencia eran los factores sociales y económicos. Solo ahora, cuando los avances en genética y neurociencia han abierto la mente de nuevo a estas teorías, Raine sacó a la luz el libro The Anatomy of Violence, una recopilación de la evidencia científica de sus 35 años de investigación sobre las raíces biológicas del mal, un campo que él llama neurocriminología.

La novedad de su tesis es que no se centra en el debate de si el criminal nace o se hace, como antes, sino que demuestra que los antisociales son producto de una mezcla compleja de estos dos factores. “Sin duda el ambiente también hace al criminal, pero no se debe ignorar esa base fisiológica”, dijo a SEMANA el autor y hoy profesor en la Universidad de Pensilvania. 

Gracias al estudio pionero de 1994 y a otros, como el realizado en 2009 con psicópatas, que son individuos que carecen de remordimiento, Raine ha hallado que el cerebro de los criminales es diferente y funciona deficientemente. 

En este último trabajo encontró que estos tienen en promedio un 18 por ciento más pequeña la amígdala, una región que se encarga de procesar emociones como el miedo y es crucial en decisiones morales. Por dicha configuración mental los psicópatas planearían sus delitos sin sentir miedo de violar las leyes, ni empatía por sus víctimas.

Sin embargo, también ha encontrado que muchos aspectos ambientales pueden causar esos cambios en la estructura física del cerebro. El consumo de alcohol y tabaco durante el embarazo, la mala nutrición en los primeros años de vida, el abuso o la negación de las necesidades afectivas del niño producen cambios cerebrales que se traducen en un comportamiento más agresivo al llegar a la edad adulta. El experto también cree que el plomo está directamente relacionado con la violencia.“No hay otro factor que dé cuenta del insuitado incremento de la violencia hasta 1993 en Estados Unidos ni de la caída precipitada posterior”, señala. 

Un estudio hecho en 2002 por la Universidad de Duke, Estados Unidos, en una comunidad de Nueva Zelanda, relaciona también la influencia del ambiente y la genética con el comportamiento violento. Se encontró que los individuos con una versión de un gen que produce una enzima conocida como Maoa, y que además habían sido abusados en su infancia, tenían más riesgo de ser criminales cuando adultos. 

Un accidente o una enfermedad también pueden modificar el cerebro. El caso más sonado es el de Charles Whittman, un ingeniero de 26 años que mató a 17 personas en la Universidad de Texas y luego se suicidó. En la autopsia se encontró que un tumor que hacía presión en la amígdala habría incidido en su comportamiento. 

Sin embargo, Raine considera que no todos los que tienen un cerebro criminal pueden llegar a serlo, sino que, como en cualquier enfermedad, las posibilidades aumentan mientras más factores de riesgo biológicos y ambientales acumule una persona. 

Por eso, Raine cree que esta nueva evidencia tiene que modificar el modo como hoy se ve y trata a los criminales, pues “si hay una disfunción biológica, ¿cómo la Justicia puede castigarlos como hoy lo hace?” Según él, la neurocriminología ya se aplica en Estados Unidos para disminuir la pena de ciertos criminales, como Donta Page, quien en 1999 violó y asesinó a una mujer en Denver. Gracias a las imágenes que Raine aportó, Page se salvó de la silla eléctrica. 

La neurocriminología también sirve para tomar mejores decisiones frente a los delincuentes próximos salir a la libertad. “Si se tiene en cuenta el factor biológico, se puede saber con antelación si un individuo reincidirá”, asegura Raine. Esto se observó en un reciente estudio hecho por Kent Kiehl, de la Universidad de Nuevo México, al analizar los cerebros de 91 convictos a punto de salir. 

Kiehl encontró que los que tenían baja actividad en la corteza cingulada anterior presentan un doble riesgo de volver a delinquir en los cuatro años siguientes a su retorno a la sociedad.

Según dijo a SEMANA el abogado penalista Wilson Martínez, la investigación de Raine es interesante para las políticas públicas en salud y educación, “pero no tiene efectos en el ámbito de la responsabilidad penal”, puesto que aun la ciencia, salvo en contados casos, no ha podido demostrar que ciertas condiciones biológicas llevan a la persona a cometer crímenes involuntariamente. “A pesar de sus condiciones, la mayoría de estos cumple con los requisitos de imputabilidad”, dice Martínez.

Raine cree que la polémica es interesante. “No por el hecho de que encontremos una causa de la violencia debemos excusarlos”, dice, pero agrega que si hay factores tempranos, fuera del control de individuo, que moldean su riesgo de ser criminal, no debería ser totalmente responsable de sus actos.

Debería haber instituciones, y no cárceles, que los trataran bajo una óptica más terapeútica que punitiva. De hecho, ya hay en ciertas prisiones métodos de meditación con conciencia plena o mindfulness para modificar la estructura del cerebro de los presos. En todo caso, lo importante para Raine es que este estudio lleve a prevenir el crimen. “Espero que la sociedad comprenda que hay otras maneras de ver la violencia: a través de los lentes de la biología. Enfocarse solo en lo social es engañoso”, dijo a SEMANA. 

Mezcla violenta

Estos son algunos de los factores de riesgo.

Ambientales
  • En un estudio hecho en 1984 con niños daneses, Sarnoff Mednick encontró que, de aquellos cuyos padres biológicos no tenían historia criminal, el 13 por ciento fue condenado de adulto por actos violentos. Pero de aquellos con padres con tres o más crímenes a cuestas, el 25 por ciento también fue criminal.
  • El plomo afecta el cerebro de los niños. Se cree que la presencia de este metal en la gasolina entre 1950 y 1970 causó el incremento de los índices de violencia en Estados Unidos.
  • Investigaciones científicas han hallado que las madres que fuman y beben durante el embarazo dan a luz a niños que en el futuro tienen un comportamiento más agresivo. Las complicaciones en el parto y la mala nutrición también son factores de riesgo.

Genéticos y biológicos
  • En 1993, científicos holandeses encontraron que un gen que produce la enzima Maoa tiene una relación con la violencia. Cuando este está mutado hay bajos niveles de la enzima, lo que produce mayores índices de agresividad. En 2002, científicos neocelandeses hallaron que cuando esto se conjuga con una infancia traumática, el riesgo es aún mayor.
  • Numerosos trabajos señalan que los criminales convictos tienen una menor actividad en áreas como la corteza prefrontal, involucrada con el control de los impulsos. Así mismo se ha visto que los psicópatas tienen un 18 por ciento más pequeña la amígdala, la región del cerebro encargada de procesar las emociones.
  • Adrien Raine ha constatado científicamente que los psicópatas, en reposo, tiene un ritmo cardiaco mucho más bajo del normal.

viernes, abril 26, 2013

Tasa sobre las Transacciones Financieras


Es para usted, no para su banco

Por:  25 de abril de 2013
 Tasarobinhood
La ONG Intermón Oxfam (IO) presentó ayer un breve documento en el que se detallan las posibilidades presupuestarias de la Tasa sobre las Transacciones Financieras (TTF), aprobada recientemente por 11 países de la UE. Este mecanismo -que prevé aplicar un tipo mínimo del 0,1% sobre la compraventa de acciones y bonos y un 0,01% sobre productos derivados- es el resultado de décadas de lucha social y académica que solo en medio de este polvorín financiero ha encontrado su camino hacia los parlamentos.
Todos los detalles de la propuesta de IO están disponibles aquí, pero les adelanto que, en el sueño más lujurioso de sus proponentes, la TTF llegaría a recaudar para España unos 5.000 millones de euros anuales (un 0,45% del PIB), que Intermón propone destinar a la lucha contra la pobreza en nuestro país (2.500M), la cooperación internacional (1.750M) y la mitigación del cambio climático (750M). El documento deja claro que se trata de recursos adicionales al presupuesto y que no deben ser utilizados para financiación de derechos garantizados por el Estado, como la sanidad o la educación. 
La propuesta rezuma sensatez por los cuatro costados:
- En primer lugar, ofrece alternativas de ingreso a sectores cuyas esperanzas están casi completamente evaporadas. Como recuerda el informe, con un tercio de estos recursos sería posible garantizar una renta mínima para cerca de 450.000 hogares españoles que hoy carecen de ingreso alguno. Solo esta cantidad es casi el doble del plan contra la pobreza propuesto recientemente por el PSOE a bombo y platillo.
- Segundo, destinar estos fondos a la lucha contra la desigualdad, la pobreza y el cambio climático fortalece el carácter pedagógico de la tasa, una virtud básica de cualquier impuesto. Los que van a pagar no solo han disfrutado hasta ahora de una carga fiscal sensiblemente más baja que la de las rentas del trabajo o la de los consumidores, sino que además hicieron mucho por asegurar la debilidad normativa que está en el origen de la crisis financiera. No hay nada casual en que la TTF haya sido apodada la "Tasa Robin Hood". 
- En tercer lugar, la decisión de constituirse desde el primer momento en un "impuesto dirigido" a la lucha contra la pobreza sentaría un precedente de enorme importancia para la evolución de la TTF. Lo que ahora es una cantidad modesta de recursos (con toda seguridad, muy por debajo de esos 5.000M de euros anuales) puede convertirse en el futuro en una fuente sólida de financiación para unas partidas demasiado vulnerables a los vaivenes políticos y económicos. Mucho más si España consigue con esto marcar el camino de los otros 10 países europeos que han introducido la tasa y de todos los que vendrán después (que vendrán, no les quepa duda). 
Si no están seguros de estos argumentos, les sugiero que consideren el razonamiento inverso: a menos que garanticemos medidas similares a las que propone IO, es muy posible que los recursos de la TTF acaben siendo destinados al próximo rescate de los bancos, que tanto empeño han puesto en frenarla. Tendría guasa.

domingo, abril 21, 2013

colores, los símbolos, los nombres y otras circunstancias del ambiente afectan el comportamiento


20 abril 2013

Las fuerzas invisibles de los colores


INVESTIGACIÓNQue la mayoría de los jugadores olímpicos con uniforme rojo gane medallas de oro no es una coincidencia. Según algunos estudios, los colores, los símbolos, los nombres y otras circunstancias del ambiente afectan el comportamiento de los humanos.

Las fuerzas invisibles de los colores.
En los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004 seis atletas de varias nacionalidades ganaron medallas de oro en sus respectivas disciplinas. Todos tenían en común haber usado uniformes rojos durante las rondas eliminatorias que los llevaron al podio. 

Cualquiera pensaría q
ue se trata de una coincidencia, pero según un estudio el color fue crucial. De las 457 competencias de taekwondo, lucha libre, lucha grecorromana y boxeo de Atenas 2004 quienes usaron el color rojo ganaron más veces. Según los autores, el efecto fue aún mayor cuando la competencia era pareja, en cuyo caso, el contrincante de rojo ganó en el 62 por ciento de los casos.

Este tipo de efectos sutiles siempre ha llamado la atención de Adam Alter, un psicólogo y profesor de mercadeo de la Facultad de Economía de la Universidad de Nueva York. El rojo, según explica, ha sido asociado con la agresión y el poder y por ello, quienes se visten así en una competencia se sienten superiores a sus contrincantes, por ejemplo de azul, que a su vez los perciben como más agresivos. 

En otros contextos, el mismo rojo dispara pasiones y en otros incita a la rebelión. El rosado chicle, que en inglés se conoce como drunk tank pink, fue usado en la década de los ochenta en los consultorios de dentistas, psiquiatras, médicos e incluso en las cárceles, por su efecto calmante. El azul ha demostrado reducir la criminalidad, y las luces verdes y azules son efectivas para regular el ritmo circadiano.

En su libro Drunk Tank Pink, Alter recopiló esta y otras evidencias científicas sobre cómo el color, los nombres, los símbolos, las etiquetas, los lugares, el clima y las personas moldean el comportamiento humano. “Son señales que influyen en lo que sentimos y pensamos, y afectan nuestras decisiones de manera inesperada”, dijo el autor a SEMANA. 

Si una persona se atasca y no consigue solucionar un dilema, observar el símbolo de un bombillo, por ejemplo, le ayuda a lograrlo. Y si se quiere fomentar la honestidad, la imagen de un par de ojos es suficiente, pues con ello las personas se sienten observadas y actúan de manera ética. 

El símbolo de Apple incrementa la creatividad debido a la asociación que la gente hace con dicha marca. “Nos gusta pensar que tomamos decisiones como resultado de un cuidadoso e inteligente proceso de pensamiento, pero la verdad es que los psicólogos han descubierto una serie de fuerzas invisibles que moldean a la gente inconscientemente”, explica el experto. 

Un estudio hecho por el propio Alter demuestra lo anterior. El investigador tomó dos billetes de un dólar, uno real y otro falso, y le preguntó a un grupo de participantes cuántas cosas podrían comprar con cada uno. Aunque estos no se percataron de que uno era falso, reportaron poder comprar 60 por ciento menos productos con el de mentiras que con el verdadero. 

Un nombre habla de la edad, el género, la raza y el nivel socioeconómico de las personas, pero también tiene un peso más allá de lo consciente. A esto se le conoce como determinismo nominal, y se observa cuando los nombres o apellidos coinciden con la profesión de sus dueños, como sucede con el actual jefe de justicia y leyes de Inglaterra y Gales, Igor Judge (juez, en inglés), o el de Christopher Coke, el más notorio traficante de drogas jamaiquino, cuyo apellido traduce cocaína. 

Aunque muchos podrían señalar estos ejemplos como anécdotas, según el autor el nombre propio deja una impronta en la mente y esta funciona como un imán que atrae a su dueño hacia el concepto que encierra. “El ser humano es una especie tan egoísta, que es posible que la gente prefiera seguir caminos que les recuerden a sí mismos”, agrega Alter. 

Hay otros casos en los que el nombre afecta la vida de las personas en formas insospechadas. Un estudio que analizó las donaciones de la Cruz Roja encontró que la gente se siente más atraída a hacer aportes a tragedias causadas por huracanes que empiezan con su inicial. Entre 1998 y 2005, los individuos cuyos nombres empiezan por la letra K donaron el 4 por ciento a dichos desastres. 

Pero cuando Katrina arrasó con Nueva Orleans, esa cifra aumentó al 150 por ciento. Se podría pensar que esto se debe a la magnitud de la catástrofe, pero los investigadores vieron el mismo patrón con otros huracanes de menor impacto. Alter explica que a la gente le gustan sus iniciales más que otras letras, “por lo tanto, es posible que sean más sensibles a hechos y cosas con los que la comparten”. 

Los nombres también son indicadores de ascenso en la escalera corporativa, según una investigación del propio Alter, quien constató que los abogados que están en el punto medio de sus carreras suben más en la jerarquía de los bufetes cuando tienen nombres fáciles de pronunciar. Más inesperado aún es que aquellos con apellidos entre la N y la Z, que siempre han sido los últimos en las listas alfabéticas, tienden a responder más pronto a oportunidades limitadas, como la entrega de tiquetes gratuitos u ofertas de trabajo.

Lo mismo que los nombres, las etiquetas son importantes por el poder que el lenguaje ejerce en la mente. Por ejemplo, los rusos tienen una palabra para el azul claro (goluboy) y otra para el azul oscuro (siniy), mientras en el idioma inglés solo hay una para ambos: blue. En un estudio en el que los participantes de ambos países debían decidir cuál de dos cuadrados azules hacía pareja con un tercero del mismo color, los rusos resultaron más rápidos, lo que, según el autor, demuestra “cómo la percepción del mundo es maleable en las manos de las etiquetas”.

El efecto de los rótulos puede ser de doble filo, especialmente cuando se aplican a las personas, pues “llevan a estereotipos inconscientes que afectan sus vidas”, dice Alter. En una investigación, los estudiantes de la Universidad de Princeton debían definir el nivel de desempeño intelectual de una niña llamada Hannah. 

Para ello se hicieron dos videos: en uno se mostraba a la pequeña en un barrio de clase alta, y en el otro, en uno pobre. En ambos ella contesta una prueba de matemáticas y ciencias sociales, en la que a veces acierta y otras no. Al final del trabajo, la Hannah rica tuvo un puntaje por encima del promedio de su edad, mientras que la pobre fue catalogada como rezagada. 

Entre las señales sutiles que afectan la vida diaria, el clima tiene una gran influencia sobre cómo la gente invierte su dinero. Un estudio que analizó 26 diferentes mercados financieros entre 1982 y 1997 encontró que los precios aumentan más en días soleados que en los lluviosos. 

El lugar donde un individuo se encuentra también ejerce una fuerza insospechada. Se ha demostrado en forma reiterativa que un enfermo se recupera más pronto en una habitación con vista a un paisaje, que cuando la ventana da a una pared de ladrillo. 

Aún más interesante es el hecho de que los niños que viven en apartamentos ubicados en los primeros pisos, cerca de una autopista ruidosa, aprenden a hablar y leer más lentamente que los que viven en pisos más altos. Esto se debe a que tienen problemas para escuchar y no distinguen la diferencia entre palabras similares.

 Y tal vez la influencia más importante es la de otras personas. Está probado que el contacto humano es necesario para vivir, pero a veces la presencia de otros afecta el desempeño individual. “Hay corredores, como Usain Bolt, que sacan toda su capacidad cuando están en competencia”, afirma el autor. Pero se ha evidenciado que los estudiantes tienen mejores notas cuando presentan exámenes en grupos pequeños.

Son tantas señales, que, según Alter, es difícil que el cerebro las aísle e interprete. Por eso, el libro apunta hacia la posibilidad de ser conscientes de esas fuerzas invisibles que gobiernan la vida de la gente. Como él mismo dice: “La gente va a tomar mejores decisiones si entiende cómo esos factores nos afectan. La idea es maximizar la posibilidad de resultados positivos cuando somos conscientes de ello”. 

sábado, marzo 30, 2013

knowledge is available on every Internet-connected device


OP-ED COLUMNIST

Need a Job? Invent It

  • FACEBOOK
  • TWITTER
  • GOOGLE+
  • SAVE
  • E-MAIL
  • SHARE
  • PRINT
  • REPRINTS
WHEN Tony Wagner, the Harvard education specialist, describes his job today, he says he’s “a translator between two hostile tribes” — the education world and the business world, the people who teach our kids and the people who give them jobs. Wagner’s argument in his book “Creating Innovators: The Making of Young People Who Will Change the World” is that our K-12 and college tracks are not consistently “adding the value and teaching the skills that matter most in the marketplace.”
Josh Haner/The New York Times
Thomas L. Friedman

Readers’ Comments

This is dangerous at a time when there is increasingly no such thing as a high-wage, middle-skilled job — the thing that sustained the middle class in the last generation. Now there is only a high-wage, high-skilled job. Every middle-class job today is being pulled up, out or down faster than ever. That is, it either requires more skill or can be done by more people around the world or is being buried — made obsolete — faster than ever. Which is why the goal of education today, argues Wagner, should not be to make every child “college ready” but “innovation ready” — ready to add value to whatever they do.
That is a tall task. I tracked Wagner down and asked him to elaborate. “Today,” he said via e-mail, “because knowledge is available on every Internet-connected device, what you know matters far less than what you can do with what you know. The capacity to innovate — the ability to solve problems creatively or bring new possibilities to life — and skills like critical thinking, communication and collaboration are far more important than academic knowledge. As one executive told me, ‘We can teach new hires the content, and we will have to because it continues to change, but we can’t teach them how to think — to ask the right questions — and to take initiative.’ ”
 My generation had it easy. We got to “find” a job. But, more than ever, our kids will have to “invent” a job. (Fortunately, in today’s world, that’s easier and cheaper than ever before.) Sure, the lucky ones will find their first job, but, given the pace of change today, even they will have to reinvent, re-engineer and reimagine that job much more often than their parents if they want to advance in it. If that’s true, I asked Wagner, what do young people need to know today?
“Every young person will continue to need basic knowledge, of course,” he said. “But they will need skills and motivation even more. Of these three education goals, motivation is the most critical. Young people who are intrinsically motivated — curious, persistent, and willing to take risks — will learn new knowledge and skills continuously. They will be able to find new opportunities or create their own — a disposition that will be increasingly important as many traditional careers disappear.”
So what should be the focus of education reform today?
“We teach and test things most students have no interest in and will never need, and facts that they can Google and will forget as soon as the test is over,” said Wagner. “Because of this, the longer kids are in school, the less motivated they become. Gallup’s recent survey showed student engagement going from 80 percent in fifth grade to 40 percent in high school. More than a century ago, we ‘reinvented’ the one-room schoolhouse and created factory schools for the industrial economy. Reimagining schools for the 21st-century must be our highest priority. We need to focus more on teaching the skill and will to learn and to make a difference and bring the three most powerful ingredients of intrinsic motivation into the classroom: play, passion and purpose.”
What does that mean for teachers and principals?
“Teachers,” he said, “need to coach students to performance excellence, and principals must be instructional leaders who create the culture of collaboration required to innovate. But what gets tested is what gets taught, and so we need ‘Accountability 2.0.’ All students should have digital portfolios to show evidence of mastery of skills like critical thinking and communication, which they build up right through K-12 and postsecondary. Selective use of high-quality tests, like the College and Work Readiness Assessment, is important. Finally, teachers should be judged on evidence of improvement in students’ work through the year — instead of a score on a bubble test in May. We need lab schools where students earn a high school diploma by completing a series of skill-based ‘merit badges’ in things like entrepreneurship. And schools of education where all new teachers have ‘residencies’ with master teachers and performance standards — not content standards — must become the new normal throughout the system.”
Who is doing it right?
“Finland is one of the most innovative economies in the world,” he said, “and it is the only country where students leave high school ‘innovation-ready.’  They learn concepts and creativity more than facts, and have a choice of many electives — all with a shorter school day, little homework, and almost no testing. In the U.S., 500 K-12 schools affiliated with Hewlett Foundation’s Deeper Learning Initiative and a consortium of 100 school districts called EdLeader21 are developing new approaches to teaching 21st-century skills. There are also a growing number of ‘reinvented’ colleges like the Olin College of Engineering, the M.I.T. Media Lab and the ‘D-school’ at Stanford where students learn to innovate.”

viernes, marzo 29, 2013

Cancer Genomics


SPECIAL ISSUE | 29 MARCH 2013Cancer Genomics


INTRODUCTION—With the completion of the human genome in 2001, many researchers immediately set their sights on using this information to better understand the genetics and, more recently, epigenetic effects identified during the initiation, development, and progression of cancer. Moving from the pre–genome-era identification of single gene variants associated with hereditary cancers, advances in sequencing technology have enabled the use of a whole-genome approach to examine the differences between the genomes, and epigenetic regulation, of tumor and patient DNA. This issue of Science examines how these advances are shaping our current understanding of cancer at the genomic level. [Read the full introduction]

Ciencia + Cáncer + Lo Ultimo


El mayor mapa genético del cáncer

El genoma de los grandes tipos de tumores revoluciona el conocimiento de la enfermedad

Los investigadores logran catalogar las mutaciones no heredadas


Ningún oncólogo cree a estas alturas que el equivalente moderno del doctor Fleming vaya a descubrir la penicilina contra el cáncer, algún tipo de fármaco o procedimiento médico de aplicación general que suponga el verdadero vuelco en el tratamiento antitumoral, que convierta al matarife en una enfermedad curable o, al menos, crónica y controlable. No va a haber una penicilina del cáncer, y ya nadie la está buscando.
Pero la mitad de los cánceres ya se curan, como repite sin cesar cualquier oncólogo. Y la guerra contra la otra mitad se está librando ahora mismo en dos frentes esenciales. Uno se refiere al tema eterno del diagnóstico precoz, que pese a sus orígenes prehistóricos no ha perdido un ápice de importancia en nuestros días. Y el otro es la genómica, el nuevo cuerpo de conceptos y tecnologías del ADN que está revolucionando la biología en su conjunto, y la investigación del cáncer en particular.
Fuente: Science. / EL PAÍS
Con ser una disciplina nueva, la genómica del cáncer va cumpliendo un decenio y ha vertido ya un Iguazú de nuevos conocimientos sobre la oncología, siempre sedienta de ellos. Los primeros esfuerzos en genómica del cáncer se centraron en las mutaciones heredadas que confieren una alta propensión a la enfermedad. Este tipo de alteraciones heredadas (o mutaciones de la línea germinal, en la jerga) son al fin y al cabo la gran especialidad de la genética desde sus orígenes en el huerto conventual de Gregor Mendel.
Pero el gran avance de las técnicas de secuenciación de ADN —y sobre todo su acelerado abaratamiento— ha permitido ahora catalogar las mutaciones somáticas (no heredadas, sino surgidas en el cuerpo del adulto) que dirigen el crecimiento de los principales tipos de tumores. Los grandes cerebros del sector dan cuenta del estado de la cuestión en cuatro artículos de la revistaScience y dos números especiales de su subsidiaria Science Signalling.Los datos revelan un filón de nuevas vías abiertas para el tratamiento de los principales tipos de tumores.
Uno de los grandes problemas de la lucha antitumoral, se dice a menudo, es que el cáncer no es una enfermedad, sino 200 distintas. Esta es una de las razones de que nadie espere la píldora del doctor Fleming, y el alud de datos de la genómica moderna ha empeorado aún más el cuadro. La primera impresión que ofreció ese atracón de secuencias genéticas (gaatgtta…) fue que no solo había 200 enfermedades distintas, sino que encima cada enfermo es un mundo.
Cuatro trabajos en ‘Science’ revelan un filón de vías abiertas
Pero los conceptos generales han empezado a emerger de esas pormenorizadas espesuras, y con ellos las nuevas estrategias para el tratamiento. La historia de la ciencia muestra que el entendimiento es el prólogo de la esperanza.
“Hace 10 años”, dicen Bert Vogelstein y sus colegas del Instituto Médico Howard Hughes en Baltimore, “la idea de que todos los genes alterados en el cáncer pudieran ser identificados con la resolución de un par de bases habría parecido ciencia ficción”. Lo del “par de bases” no es una concesión de Vogelstein a la indeterminación literaria. Es la mayor precisión que se puede alcanzar en biología: detectar, entre los 3.000 millones de letras del ADN que contiene cada una de nuestras células, una errata en una sola letra que tiene efectos cancerosos.
Ese análisis de amplitud genómica ahora no es solo posible, sino incluso una mera “rutina”, en palabras de Vogelstein, en los laboratorios avanzados de investigación oncológica que salpican el planeta. Vogelstein, premio Príncipe de Asturias en 2004 por sus contribuciones a la genética del cáncer, es también uno de los grandes pioneros de la genómica del cáncer, o aplicación de las nuevas tecnologías de secuenciación (lectura) del ADN a la lucha contra esa enfermedad (o esas 200 enfermedades distintas). Quizá no sea casual que su primera licenciatura no la obtuviera en Biología, sino en Matemáticas.
El abaratamiento de las lecturas de ADN ha facilitado los progresos
Por poco científico que suene, los costes han sido la cuestión capital para este progreso. Cuando se empezaron a estudiar los primeros genomas del cáncer —que fueron los de colon y mama, hace unos 10 años—, secuenciar un tumor de cada paciente costaba unos 100.000 dólares (78.000 euros al cambio actual); el coste ronda ahora los 1.000 dólares (780 euros).
Como consecuencia, las investigaciones que presentan de una tacada los genomas de 100 tumores de cierto tipo (mama, piel u otros tejidos) “se han convertido en la norma”, según los genetistas del Howard Hughes. El diluvio de datos es abrumador y no tiene el más remoto precedente en la investigación oncológica. Los investigadores esperan que ese salto cuantitativo ascienda a cualitativo en los próximos años. Ya lo es para el conocimiento del cáncer y el objetivo es que pronto lo sea también para el tratamiento.
La genómica ha descubierto que los principales cánceres humanos se deben a la acumulación de unas pocas mutaciones —entre dos y ocho— que se van sumando serialmente a lo largo de 20 o 30 años. Alguna de esas mutaciones puede venir puesta de nacimiento, confiriendo a esa persona una alta propensión a desarrollar uno u otro tipo de tumor, o incluso cualquier tipo de tumor.
Pero lo habitual es que las mutaciones surjan a lo largo de la vida del individuo, y en algunos cánceres la causa no puede estar más clara. Es el caso del humo del tabaco para el cáncer de pulmón, o el de la radiación ultravioleta de la luz solar para el cáncer de piel. Estos dos cánceres, de hecho, son algunos de los que más mutaciones exhiben de todos los examinados por la genómica. A lo largo de los 20 o 30 años que tardan en desarrollarse, estos tumores se benefician grandemente de la persistencia en los hábitos fumadores o solariegos de sus portadores.
La mayoría de los cánceres dependen de unas pocas mutaciones
Esas pocas mutaciones (de dos a ocho) que se acumulan durante dos décadas son cancerosas en un sentido muy explícito: cada una de ellas, por sí misma, incrementa el ritmo de división celular (o reduce el de muerte celular, o ambas). La célula que sufre la mutación adquiere así una ventaja competitiva sobre sus células vecinas. Aun cuando la ventaja sea pequeña en cada generación celular, su efecto acumulativo a lo largo de los años suele producir un clon de células mutadas en algún órgano del paciente.
Una peca es un ejemplo intuitivo de uno de estos clones (recuerden que la piel es un órgano), y también ilustra el hecho de que una sola mutación no suele ser maligna. Lo que sí genera es un campo amplificado de células sobre las que sembrar la siguiente mutación. En estas condiciones, no hace falta postular ningún mecanismo especial para la acumulación de mutaciones en una sola célula. El viejo y venerable azar se basta por sí solo para acabar complicando las cosas.
Por desgracia —y como cabía esperar, por otro lado— esas dos u ocho mutaciones críticas no son las mismas en todos los cánceres. Con algunas excepciones, tienden a ser específicas de cada tipo de tumor. Esta es la razón de que no haya ocho genes del cáncer, sino 140. Son lo que los investigadores llaman genes conductores, genes cuyas alteraciones (mutaciones) confieren a la célula que las sufre una ventaja selectiva en su competitivo vecindario celular, y que por tanto dirigen o conducen el desarrollo del tumor.
El término conductores sirve para distinguirlos de la vasta mayoría de genes que aparecen mutados en cualquier tumor, que son meros pasajeros: alteraciones oportunistas que se ven amplificadas en el cuerpo por el mero hecho de que ocurren en el mismo genoma —en el mismo autobús— que las mutaciones en los genes conductores.
La clave de los tumores está en una docena de sistemas biológicos
E incluso esa cifra algo abultada de 140 genes conductores esconde una simplicidad subyacente que permitirá en el futuro inmediato, si no lo está haciendo ya, concentrar los focos en las tácticas farmacológicas más prometedoras a corto plazo. Porque esos 140 genes son componentes de solo 12 sistemas biológicos muy bien caracterizados en las células humanas.
Son los sistemas de transmisión (transducción de señal, en la jerga) que comunican el entorno de la célula —qué hormonas circulan por la sangre, o qué andan haciendo las células vecinas en ese momento— con su sede central de inteligencia: el núcleo celular donde el genoma reside, se replica, brega con el estrés y ocasionalmente muta.
En un organismo multicelular como el lector, es este avanzado sistema de comunicaciones entre las partes de una célula el que determina su destino: cuándo debe dividirse o morir, si se debe convertir en una neurona o una célula de la piel o, por el contrario, preservar su naturaleza inmadura de célula madre para seguirse dividiendo sin comprometerse a un destino o a otro.
En ocasiones, si ha de dividirse más deprisa que las demás. Ahí está la esencia molecular del cáncer, y posiblemente —esperan los genetistas— su talón de Aquiles.
De este modo, la genómica, que empezó complicando las cosas más de lo que ya lo estaban en la investigación del cáncer, ha empezado a pagar su deuda con la simplicidad, o con la esperanza de que haya algunos principios generales bajo la espesura de lo prolijo. Pese a que cada tumor, incluso en comparación con los de su mismo tipo y subtipo, sea un mundo con un paisaje genético único e irrepetible —y en ese sentido un producto de la historia—, los sistemas de comunicación intracelular afectados son similares en distintos tumores, e incluso entre distintos tipos de tumor.
“En el futuro”, dicen Vogelstein y sus colegas, “el mejor plan de gestión para un paciente con cáncer estará basado en un análisis del genoma de su línea germinal (el que ha heredado de sus padres) y el genoma de su tumor”. Y el futuro empieza hoy.

Mensaje para investigadores

EMILIO DE BENITO
El mapa de las mutaciones asociadas a cada cáncer da una muestra de su extraordinaria variabilidad. No es solo que el tumor de mama no tiene nada que ver con una leucemia. Es que dentro de cada tipo hay varios subtipos. Y cada uno de estos necesita una terapia específica. Esto llega al extremo en uno de los más estudiados por ser el más frecuente en hombres, el de pulmón. Ya los propios autores de los trabajos que publica Sciencedistinguen entre los tumores de células pequeñas y los de no pequeñas.
Estas diferencias son cruciales en el diagnóstico y el tratamiento. Los oncólogos médicos ya defienden abiertamente que ante un diagnóstico de cáncer, lo primero que habría que hacer sería un estudio genómico del paciente.
¿Es caro? Según se mire. A menos de 800 euros por persona puede resultar mucho más barato que una cirugía, una quimioterapia o un tratamiento de última generación a base de fármacos de origen biológico. Y tiene una doble ventaja: al sacar la huella dactilar del cáncer, se sabe exactamente qué tratamientos hay que suministrar. Es lo que se denomina terapia personalizada, ya que depende de los genes de cada uno (aunque luego, en la práctica, lo que se haga sea meter a cada paciente en un grupo con las mismas mutaciones). Esto es bueno para el paciente, que se va a beneficiar de lo más adecuado. Pero esto, además, es bueno también para el sistema sanitario. No tiene sentido gastar dinero (y hablamos de miles de euros) en dar una quimioterapia oral a una persona cuyos genes están preparados para eludir su efecto. Mucho menos cuando al hacer esto muchas veces hay que acompañar la medicación de otras pastillas para los efectos secundarios (náuseas, anemia, malestar). Y eso es más gasto.
Los trabajos publicados en Science tienen otra ventaja. Al establecer que un puñado de mutaciones intervienen en la mayoría de los cánceres, las sitúan en la diana de los investigadores. Es por donde conviene empezar.